1. Creer que la educación presencial es el único y mejor camino
Antes ni se nos había ocurrido que había otra posibilidad, que otro modelo educativo era posible. “Aunque mi hijo sufre con el colegio, no hay otra manera, debe aguantarse, es por su bien”.  Pues resulta que no solo que pudiste, sin que quisieras, sino que miles de familias descubrieron, que pueden y quieren vivir otros modelos educativos mucho mejores, más saludables y efectivos que los que vivían hasta ahora.

2. Creer que el principal rol del colegio es educativo.
Siendo sinceros, el principal rol del colegio es logístico, referido a cuidar a los hijos durante la mayor cantidad de horas al día, ojalá y cada vez más, para que los padres puedan cumplir sus asfixiantes horas de trabajo.

3. Creer que en el colegio siempre están aprendiendo.
En este tiempo, hemos visto lo que están “aprendiendo” y hemos comprobado de primera mano lo que de verdad merece que aprendan. El mismo Ministerio de Educación habló de Contenidos Priorizados, para diferenciar de todo el resto de contenidos no esencial.  Muchos de los contenidos son un pretexto para tener a los chicos ocupados tantas horas.

4. Creer que nuestra relación familiar está bien, estando tan alejados.
Nos dimos cuenta que casi ni nos conocíamos. Hacíamos como padres todo por ellos, pero no compartíamos nada, no vivíamos casi nada de los retos y alegrías de ser padres-hijos.  Nos dimos cuenta que hemos perdido habilidades de ser mamá/papá por la falta de práctica, por la falta de presencia, casi ni sabíamos cómo manejarlo. El colegio y nuestro trabajo hacen que vivamos una maternidad/paternidad parcial y superficial.

5. Creer que con un ritmo escolarizado puedes vivir una vida saludable y equilibrada.
Sentimos el enorme desequilibrio que teníamos entre el trabajo y la familia.  La falta de una conciliación saludable que nos permita una vida digna de ser vivida.  Solo el pensar  volver al ritmo de las madrugadas, de los uniformes, de la lucha diaria por los deberes, de las peleas por las notas… desalienta.

6. Creer que las notas reflejan el aprendizaje.
Hoy es más evidente que nunca que los exámenes y las notas son el mecanismo más ineficiente, injusto e inservible de referir el nivel de aprendizaje de los hijos.  Peor aún ese modelo donde se pretende que todos los chicos tengan 10 en todas las materias, eso no solo que no es posible ni deseable, sino que es ineficiente para construir personas expertas y apasionadas en su proyecto de vida.

7. Creer que es tolerable que tu hijo aprenda lo mismo que todos, de la misma manera y al mismo tiempo.
Viviste la maravilla y los retos de la personalidad y temperamento de cada niño, de sus ritmos, estilos, dinámicas. ¿Te imaginas todo lo que hay que eliminar para estandarizar a todos y hacer que vayan todos al mismo ritmo en el mismo tema?, ¿comprendes todo lo propio y esencial de tu hijo que se está mutilando al forzarlo a una dinámica masiva? La personalización en las escuelas es inviable a menos que haya un docente para cada niño.

8. Creer que los conocimientos técnicos son los más importantes para una Vida Buena.
Vivimos momentos de tanta incertidumbre que hasta nuestra vida estaba en juego. En esos momentos reconocimos lo que es verdaderamente importante, vital para sobreponerse y salir adelante.  No fueron las divisiones largas o la raíz cúbica, fue la disciplina, la resilencia, la solidaridad, la creatividad, el emprendimiento, lo que nos permitió sobrepasar esta etapa. ¿Qué es lo que quieres que aprenda tu hijo ahora?

9. Creer que los todos los chicos quieren el colegio.
Los chicos extrañaron locamente a sus amigos, los recreos, los extracurriculares, incluso hasta algún profesor amigo, pero, ¿extrañaron realmente las clases?, puedes preguntarles ¿Te da eso alguna pista de qué es lo verdaderamente importante para ellos?, ¿lo que verdaderamente necesitan para estar bien?

10. Creer que puedes “delegar” la educación de tus hijos.
Sacarse el aire trabajando para pagar el colegio, no es cumplir la misión educativa y de crianza de los padres.  Pensar que el colegio se hace cargo, no es sino tapar el sol con un dedo.  Pretender que van a ser hombres y mujeres sanos y prósperos solo con la formación que les dan en un colegio y las pocas horas que compartimos, es la peor ilusión de la vida.

11. Creer que se puede regresar a lo mismo, como si nada hubiera pasado.
El mundo, nuestro país, nuestra familia, tocó fondo, vivimos momentos que nos obligaron a re fundarnos, esta vez en lo verdaderamente importante.  Pero a pesar de lo profundo de lo que vivimos, es fácil nuevamente volver a enajenarse como si nada hubiera pasado.  Volver a conectarse al ritmo alocado y siempre agotado de una vida a la carrera, de enchufarlos al colegio, enchufarnos al trabajo y ver como se escapan los años.

12. Creer que la buena educación es cara.
Viste lo que es importante, vivenciaste las diferentes formas en que tus hijos pueden aprender. Incluso viste con tus propios ojos como pueden aprender más rápido y profundo con actividades prácticas relacionadas con la vida diaria.  La educación puede ser mucho más profunda con menos recursos.
El modelo escolar es un modelo caro e ineficiente.  No solo pagas por lo que aprenden, pagas por cuidarlos las horas que necesitas estar libre, pagas por recursos que a la final casi ni influyen en su aprendizaje, pagas por una marca que no te aporta nada.

13. Creer que esto ha pasado.
Ojalá y hayamos superado esta etapa tan dura de la pandemia del COVID-19, pero los retos sociales, climáticos, sanitarios que nos vienen por delante son igual o peores que los que vivimos, eso es evidente.  Probablemente por una u otra razón volvamos a estar confinados y restringidos.  ¿Qué herramientas quieres que tengan tus hijos para afrontar estos nuevos retos?

 

Si luego de todo lo que hemos pasado, aún tienes algunas de estas creencias, luego, habrás desaprovechado una de las oportunidades más importantes de tu vida para despertar y buscar un estilo de aprendizaje, un estilo de vida, que sea el mejor para tu hijo, el mejor para tu familia.

No digo que tengamos la solución a todas estas problemáticas.  El ser contracultural no es fácil, aunque a veces es necesario para ser feliz.  Tampoco digo que todo sea malo en el colegio, es posible que para algunos sea la mejor opción. Pero, no para todos, ni siquiera para la mayoría, no en todos los momentos de la vida. En el peor de los casos, que nos gane la corriente y que regresemos a la misma dinámica anterior, deberíamos por lo menos, hacerlo con la conciencia de lo que implica y no creyendo como antes, que era la mejor opción, la única opción.

 

Equipo Skholé

Octubre 2021

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