¡YA ME GRADUÉ!! …y ¿ahora qué?

Esta es época de graduaciones en la Costa y Galápagos…y evidentemente eso es una alegría para muchos padres…pero también es cierto que nos da una sensación de incertidumbre frente al futuro… ¿qué les espera?

¿Están preparados?

Para ir a la universidad probablemente sí…pero ¿para la vida?

Como padres nuestro objetivo educativo no es que nuestros hijos puedan entrar a la Universidad a los 18, nuestro objetivo es prepararlos para la vida, que tengan un proyecto de vida, más o menos esbozado…

 

¿Cuántos de nosotros a los 40 años no tenemos idea de lo que buscamos en la vida?

Yo no sé ustedes pero cada vez me encuentro con más personas que rondan como yo  esa cuarta década, que alegan no estar satisfechos con su vida.

O que empiezan a dar giros inesperados a lo que parecía tan estable en las áreas importantes de la vida: su trabajo, su familia y pareja, sus amigos…

Me he topado con personas que han botado todo porque dicen estar buscándose a sí mismas.

Dicen que están empezando una nueva vida, o que recién han abierto los ojos… y no sé qué más explicaciones.

Crisis de los 40 le suelen llamar.

Pero lo que yo veo es que muchas de estas acciones responden a cosas más profundas. Son todos muy buenas personas, eso no lo niego. Son inteligentes y capaces… pero entonces ¿qué les falta?

No sé si sea también causa de la pandemia, que activó muchas cosas que estaban ahí latentes. Puede ser.

Aun cuando de jovencitos siguieron el camino que se esperaba que sigan. Pasaron por todos los pasos, incluso en el orden “correcto”… de graduarse, estudiar una buena carrera, encontrar un buen trabajo, encontrar una pareja, estabilizarse económicamente, tener hijos… la casa, el perro… ya me entienden…

Hicieron todo bien. Según el plan que debe funcionar y no se sienten satisfechos con su vida. Hay un vacío.

Según mi visión. Su vacío o incomodidad o dolor en su vida responde a una falta de sentido. No encontraron, no se preocuparon por encontrar un verdadero sentido a su vida desde el plantearse un proyecto de vida.

También responde a una visión egoísta de la felicidad, y está demostrado cada vez más que la felicidad está en el servicio, en el sentido de comunidad.  En nuestra sociedad desde la misma familia, la escuela y los medios de comunicación se plantea una vida centrada en el yo, en el dinero, en la fama, en el poder… y la verdad es que nada de esto da verdadero sentido a la vida.

Nosotros con nuestros hijos queremos, al menos intentamos dar un giro a esa visión de felicidad.

Desde Skholé también queremos que nuestro programa y las propuestas que ofrecemos ayuden a las familias y a los hijos a tener al menos una idea diferente de lo que puede ser la felicidad en la vida.

Pero eso de llegar a los 40 y sentirse perdido…

¡Que no les pase eso a tus hijos!!!

 

Fabiola Narváez

¡Me dejó plantada! ¿Cómo modelamos el compromiso en nuestros hijos?

decidir y actuar

Por Fabiola Narváez

En este tiempo dentro del programa Skholé, nos ha pasado algunas veces que planificamos eventos o actividades, varias por pedido de las mismas familias, a las cuales muchas personas se inscriben y luego no asisten. La verdad eso se ha tornado algo no solo muy molesto y que afecta a nuestro trabajo y la dinámica de las demás familias sino que personalmente me ha cuestionado sobre el servicio que estamos brindando y si las familias realmente lo aprecian ya que luego de todo el trabajo de gestión y organización que hay detrás y luego de incluso confirmarlo a la final no asisten o no participan y lo que es peor en muchos casos ni siquiera nos avisan con tiempo la cancelación o la no participación, simplemente luego de confirmar no asisten.

Esto sucede por ejemplo con actividades preparadas del club URKU, en las citas de acompañamiento familiar, en varios talleres y las mentorías y también sucede en las actividades que las mismas familias organizan dentro de sus comunidades locales…¡nos dejan plantados!

Como mamá yo quiero que mis hijos sean chicos de palabra, que sean confiables que sean responsables de sus actos y que se sepan comprometer. Que si ofrecen algo sea porque de verdad lo van a hacer y no solo por quedar bien en el momento.

Hoy quiero hablar sobre el tema del compromiso. Es un tema complejo hoy en día, donde todo parece ser efímero o «light». Considero que la falta de compromiso a todo nivel es una de las grandes fallas que tenemos como sociedad. El compromiso va íntimamente ligado con la responsabilidad. Todo compromiso implica cierto grado de responsabilidad.

Se puede topar este tema desde varios puntos de vista o con distinta profundidad de compromiso. Por ejemplo el compromiso que implica el matrimonio, no será igual al compromiso de cumplir un trabajo a tiempo, o de asistir a un evento al que «prometiste». Pero en el fondo se reduce al mismo valor que vamos inculcando en nuestros hijos desde pequeñitos. No voy a hablar ahora de compromisos más profundos como el del matrimonio pero que nos quede de tarea por lo menos pensar cómo nuestra sociedad ha hecho de ese tipo de compromisos como el matrimonio también algo casi desechable.

Pero bueno, vamos a lo nuestro; recordemos que los niños aprenden sobre todo del ejemplo, de lo que nosotros como adultos modelamos. Entonces les pregunto ¿Qué tipo de ejemplo les estamos dando respecto a comprometernos con algo? Más sencillo: ¿Cumplimos lo que ofrecemos?

Aquí cabe muy bien esa cita de Lynn Lott que dice «si lo dice, dígalo en serio y si lo dice en serio, cúmplalo».

Pensando en temas cotidianos de crianza: ¿Cuántas veces como padres les hemos dicho a nuestros hijos que si no hacen tal o cual cosa se olviden de….(les dejo aquí para que completen ustedes mismo la frase)?. También les hemos hecho ofertas diciendo que si hacen tal o cual cosa les vamos a dar…(completen la frase).

Obviando el hecho que estos ejemplos implican premios y castigos y que, desde la Disciplina Positiva, planteamos no hacer uso de los mismos, nos sirven para llegar al punto y estoy muy segura que muchos de nosotros hemos usado esos «recursos» y la mayoría de esas veces nosotros no hemos cumplido. Podemos poner aquí excusas y explicaciones para haber faltado a nuestra palabra, pero lo cierto es que el mensaje que les podemos estar enviando a nuestros hijos es muy diferente al que realmente queremos.

Ellos podrían estar pensando que no pueden confiar en nosotros. Que nunca hablamos en serio. Que los adultos no son de fiar. Que se vale decir cosas y luego no cumplirlas, etc. Estas pequeñas creencias que se forman de niños, luego van a afectar no solo el resto de su infancia y adolescencia sino su vida adulta. Pueden convertirse en adultos que no son de palabra y que no logran mantener compromisos, adultos que te dicen algo para quedar bien pero que nunca están pensando en cumplirlo, o personas que no se comprometen porque no confían en nadie, en fin…

Seguro les ha pasado de alguien que ofreció hacer algo o asistir a algún lugar y luego no lo cumplió. Te dijeron que sí, tu confiaste y luego te fallaron. Te sentiste decepcionado, muy molesto, resentido y surgió la creencia de no poder confiar en nadie.

He escuchado por ejemplo que acciones como estas responden a algo cultural, que está en nuestra idiosincrasia, que la gente hace o dice eso para no «ofender al otro» para «quedar bien» y que en otros países o regiones no sucede. Puede ser, pero para el caso me da igual. El tener recelo de decir «no», «no puedo», «no quiero» abiertamente por no quedar mal, no es respetuoso. No podemos justificar una acción irrespetuosa con que es algo cultural. Los cambios culturales también suceden, más lento, pero suceden y se empiezan en casa y con uno mismo. Así que no es justificativo el tema cultural.

Vuelvo a preguntar ¿Qué ejemplo les estamos dando a nuestros niños? Cuando educamos en familia esperamos poder ser más conscientes de que cada cosa que hacemos trae un aprendizaje, en la educación y crianza nada es neutral, todo lo que hacemos y decimos o no hacemos y callamos, les deja un mensaje a nuestros hijos, que ellos interpretarán desde su propia lógica y luego actuarán en consecuencia. Nosotros no podemos influir directamente en las decisiones de nuestros hijos, pero sí podemos sentar un buen ambiente y modelar formas saludables y respetuosas de relacionarse con los demás. Podemos desde nuestro ejemplo inculcar el sentido de comunidad y la empatía.

Así les invito a reflexionar sobre cómo vivimos el compromiso en nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones: en casa como padres, con nuestros amigos y conocidos en la comunidad, y en el ámbito laboral también. ¿Qué es lo que ven nuestros hijos de nosotros? Y en términos de crianza qué herramientas estamos usando qué oportunidades les estamos dando a nuestros hijos para que desarrollen el sentido de compromiso que se requiere para ser buenas personas con un sentido comunitario que les ayude a prosperar.

Espero puedan comentar y escribirnos sobre sus experiencias respecto a este tema o nos cuenten anécdotas que puedan ilustrar este tema tan importante y que de paso nos den luces en Skholé para aprender a manejar mejor las actividades y propuestas de manera que los esfuerzos sean muy fructíferos y no caigamos en el desaliento que genera la falta de compromiso.

APRENDIENDO A PEDIR AYUDA

Aprendiendo a pedir ayuda

Uno de los temas que hemos estado tratando estos meses es sobre la importancia de criar hijos autosuficientes que se sientan capaces de contribuir y estén dispuestos a ello.

Algunas veces hemos reiterado que la labor de un papá o una mamá es lograr que nuestros hijos no nos necesiten. Esto no es algo fácil de aceptar. Nosotros queremos sentirnos importantes para nuestros hijos queremos que ellos siempre cuenten con nosotros. A veces sentirnos una buena madre depende de si nuestros hijos nos necesitan…y quizá no nos suene bonito, pero no va por ahí la cosa.

Nuestra labor es volvernos imprescindibles, pero al mismo tiempo generar un vínculo tan fuerte que nuestros hijos sepan que estamos para ellos y nosotros también sabremos que podemos contar con su apoyo.

Hay una cita de Rudolf Dreikurs que dice «El deseo de ser «buenas» madres las hace las peores madres. Estas «buenas» madres son una tragedia para el país.» Como pueden leer, no es una cita muy feliz, pero contiene una gran verdad.

En nombre del amor muchas madres (y padres) convierten a sus hijos en seres inútiles, niños malcriados y mimados que se creen con derecho a todo y que cuando se convierten en adultos no saben qué hacer con su vida. Sí, muy crudo pero cierto.

Ahora, me dirán, qué tiene que ver todo esto con el aprender a pedir ayuda. Pues cuando dejamos de hacer todo por nuestros hijos y los empezamos a involucrar en las pequeñas y grandes tareas del día a día, cuando les pedimos ayuda, les estamos empoderando, y les estamos ayudando a desarrollar las herramientas que necesitan para vivir su propia vida.

Cuando en lugar de servirles la leche, les decimos «¿Me ayudas a servir la leche, por favor?» les estamos ayudando a desarrollar los músculos del servicio y de la cooperación. Con los hijos pequeños será fácil encontrar muchas oportunidades de decir «Necesito tu ayuda» es increíble lo prestos que estarán para contribuir y lo empoderados que se sentirán.

Los niños se sienten capaces, y sienten pertenencia cuando contribuyen, y recuerden que cuando un niño siente que pertenece y se siente capaz, se porta mejor.

Claro que con los hijos más grandes y los adolescentes el reto será mayor. No toda ayuda se hará con entusiasmo y buena voluntad, tendremos que hacer seguimiento consecuente, pero el recordar que los resultados se verán a largo plazo y que esto es simplemente parte de nuestro rol de padres nos ayudará a ser perseverantes.

Uno de los grandes retos que tenemos como sociedad es formar jóvenes con un fuerte sentido de comunidad, un sentimiento social que les ayude a ser no solo buenas personas, sino personas que saben hacer el bien y hacerlo bien. No es tarea fácil y está en manos de todos nosotros, educadores.

Fabiola Narváez

¿Cómo se supone que me tengo que organizar en mi homeschooling?

Uno de los grandes retos que tenemos quienes decidimos educar a nuestros hijos en casa es el tema de la organización en la dinámica de Homeschooling. Al hablar de retos en la organización nos podemos referir a la falta de estructura, rutinas o de horarios y tiempos de trabajo con los hijos.

El hecho que a muchos de nosotros nos cueste encontrar una estructura adecuada para promover el aprendizaje en familia va en dos vías por un lado desde el papá y/o mamá y por otro lado desde los hijos.

Como padres, nuestro mayor referente de estructura para el aprendizaje es la escuela. Entonces, sobre todo al inicio, buscamos casi replicar la dinámica escolar en la casa, y así nos encontramos dividiendo al día en materias, nos imaginamos que necesitamos unas seis horas para trabajar cada día, pensamos quizá en fichas de trabajo y lecciones explicativas. Esta idea por un lado nos da una especie de seguridad, «así es como aprenden los niños en la escuela, entonces aprenderán en casa también» pero resulta que no es tan fácil como hacer copy-paste. Por otro lado con el paso de los días nos empieza a abrumar y más si tenemos más de un hijo y están en distintas edades o procesos de aprendizaje, simplemente no es sostenible, porque no está diseñado para un ambiente de familia.

Por eso, esta dinámica no suele ser muy motivadora para los hijos que muchas veces empiezan a rebelarse, y es que lo cierto es que el ambiente de aprendizaje en casa es muy distinto al de la escuela. No estoy diciendo que sea mejor o peor, solo que al ser distinto debemos buscar otros medios y otras dinámicas. La energía que fluye en cada uno de estos ambientes invita a plantear el aprendizaje de manera diferente.

Pero otra cara de este gran reto es que quizá debido a la excesiva directividad que los hijos viven en la escuela, pues por lo general, es el profesor quien les dice lo que deben hacer, cómo, cuándo, dónde y hasta con quién. Es la profesora la que le dice si está bien o está mal. Siempre hay alguien más que les dice qué libros, qué recursos, qué actividades, qué metodologías podemos o debemos usar.

Si nos damos cuenta esto hace que nuestros hijos desarrollen poca autonomía respecto a su proceso de aprendizaje, pues no se les da muchas oportunidades para desarrollarla y gestionar su propio tiempo, espacios y recursos. Y tampoco ayuda al autoconocimiento, pues al no fijarse de forma individualizada en los estilos de aprendizaje, temperamento, necesidades e intereses de cada niño, pues se lo hace de forma estandarizada, los niños también dejan de fijarse en sí mismos y dependen más del adulto. Lo mismo pasa con nosotros como mamá y papá, dejamos de observar a nuestros hijos, dejamos de verlos a ellos, y empezamos a ver fuera, lo que los demás nos dicen o lo que los demás hacen.

Por esto último, considero yo, el reto es más grande, siendo sinceros, la escuela (o la dinámica que se da en la escuela) no solo limita esta capacidad en nuestros hijos sino también en nosotros como padres. Por eso se nos complica tanto el educar en casa, porque no hay quien me diga qué contenidos debo enseñar, qué recursos debo usar, no tengo una lista de útiles, y tampoco un horario establecido o una guía totalmente estructurada de cómo debo organizar mi día para que mis hijos aprendan de verdad. El homeschooling me da la libertad de elegir, pero también se puede tornar en un peso porque la decisión la tenemos nosotros mismos. El empoderarnos de nuestro aprendizaje en familia no es fácil, es un proceso y debemos ser pacientes porque no se da de la noche a la mañana, pero también debemos trabajar en ello porque no se va a dar solo. No es magia, es decisión, compromiso y perseverancia.

Repetimos siempre que en homeschooling no hay recetas. Cada familia debe encontrar su propia receta. Algunas familias podrán tener una estructura más rígida, otras quizá funcionan sin ningún tipo de estructura. Esto puede ir variando según el contexto de cada familia o el momento o etapa de vida familiar, pues no es lo mismo educar a uno que a cuatro, o a pequeños en su primera infancia que a adolescentes.

En Skholé nosotros como programa buscamos un estilo más balanceado, al fundamentarnos en la Disciplina Positiva, buscamos estructura y orden al mismo tiempo que la libertad y flexibilidad. Se toma muy en cuenta las necesidades, ritmos e intereses de los hijos pero también las necesidades, tiempos y principios de los adultos y los valores que tienen como familia.

Ahora dentro de este marco cada familia irá descubriendo cada ingrediente que le va mejor. Lo lindo de ser una comunidad es además poder apoyarnos y guiarnos desde las distintas experiencias y aprendizajes. Así lo que uno hace podría servirle de inspiración a otra familia.

En esa línea de buscar inspirar podemos presentar distintas propuestas de organización de madres educadoras según sus propias experiencias con sus hijos y realidades.

Uno de los sistemas de organización en la dinámica de aprendizaje en familia que a mí personalmente me gustan mucho y han inspirado mi  homescholing es el Modelo de Power of an Hour de Donna Goff https://mentoringourown.com/power-of-an-hour-overview/ que les invito a revisar.

Otro sistema de organización que ha sido muy útil en mi dinámica de homeschooling es el conocido sistema de Work Boxes de Sue Pattrick, http://www.workboxsystem.com/  en español también se lo conoce como Educajas. Esta es la página oficial del sistema pero la idea es que ustedes lo adapten a su propia realidad y dinámica que vayan probando, que vayan equivocándose, y en cada paso que se de recordar que estamos aprendiendo como familia y que nuestros hijos están aprendiendo no solo de las actividades y propuestas sino de nuestro propio ejemplo.

Fabiola Narváez

Sobreviviendo en una época de pandemia con Disciplina Positiva

La pandemia del Covid-19, trajo consigo la crisis sanitaria, económica y educativa alrededor del mundo. En los hogares, los padres de familia se enfrentaron a nuevos desafíos de crianza como el teletrabajo, el aprendizaje en casa, rabietas, peleas entre hermanos, desacuerdos entre padres, enfermedades, fallecimientos, ansiedad, depresión, sobrepeso, sedentarismo, estrés y más.

 

La Disciplina Positiva es clave para sobrevivir en esta época de transición por la pandemia mundial y crear momentos memorables en familia, para unirnos, fortalecernos y sembrar valores para que nuestros hijos se conviertan en personas de bien y valiosas para el mundo.

 

¿Qué es la Disciplina Positiva?

Es un estilo de crianza basado en el respeto mutuo, una guía para que los padres ayuden a sus hijos a desarrollar la autodisciplina, responsabilidad, cooperación y habilidades para resolver problemas. (1)

 

¿Cuáles son las claves que propone la Disciplina Positiva para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia?

La Disciplina Positiva propone más de 50 herramientas de crianza respetuosa y las 4 principales claves para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia son: tener una nueva visión de la mala conducta, realizar acuerdos familiares, practicar la autorregulación emocional y disfrutar del tiempo exclusivo.

 

Tener una nueva visión de la mala conducta: (2)

La primera clave para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia es comprender que los malos comportamientos de los hijos no son lo que nos muestran. De acuerdo a la teoría de las cuatro “Metas equivocadas” tenemos que lo que los hijos nos muestran es solo la “punta del iceberg” y que lo que realmente ocurre en la “base del iceberg” nos indica la creencia detrás del comportamiento. Al comprender que los hijos atraviesan por alguna de las cuatro Metas Equivocadas (atención excesiva, poder, venganza o deficiencia asumida), podemos tomar acción con respuestas productivas y estimulantes.

 

Por ejemplo:

Cuando Leo, de 8 años, no quiere dormir y quiere que yo lo acompañe “igual que yo acompaño a su hermano Matteo de 5 años”… Al descubrir que su meta equivocada es atención excesiva (basándome en mis sentimientos de fastidio, preocupación y culpa), le propongo tener alguna actividad juntos o salir a pasear solitos al día siguiente. Leo responde sin más peleas, se siente igual de importante que su hermano y las rutinas de la hora de acostarse fluyen mucho mejor.

 

Realizar acuerdos familiares (3)

La segunda clave para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia es realizar acuerdos familiares. La Disciplina Positiva nos propone realizar los acuerdos familiares por anticipado y con todos los miembros de la familia. Se debe considerar que somos los padres quienes ponemos los límites o las opciones y son los hijos quienes dan su opinión, punto de vista o voto dentro de esos límites u opciones planteadas por los padres. Con los acuerdos familiares fomentamos colaboración y trabajo en equipo.

 

Por ejemplo:

Dentro de las rutinas de pandemia está bañarnos todos los días por motivos de salud y bienestar. Leo de 8 años me dijo que no quería bañarse los sábados (como era antes de pandemia). Yo fui firme recordándole que no es negociable el baño ya que hay coronavirus y más que nunca debemos cuidar nuestra salud y que cuando pase la pandemia, podrá “no bañarse” los días sábados si él lo sigue deseando. Leo estuvo de acuerdo y solucionamos este “problema”.

 

Practicar la autorregulación emocional (4)

La tercera clave para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia es practicar la autorregulación emocional. Cuando la emoción va incrementando la intensidad, es tiempo de autorregularnos, acompañando a los hijos sobre todo cuando son pequeños, ya que no se trata de un castigo, más bien, nos estamos ayudando a regular nuestras emociones.

 

Por ejemplo:

Llegué del supermercado y dejé las bolsas de comida en el piso, le pedí a mi ayudante que vaya guardando las cosas, Leo me preguntó si podía buscar sus galletas. Le dije que sí. Vuelve al rato con cara de susto y no me dijo nada. Yo me acerqué a la cocina y vi una mancha roja inmensa en el piso (la botella de vino se había roto). En ese momento estaba furiosa pensando que tenía que volver al supermercado, que era viernes, que había gastado mucho en esa botella de vino, que tenía que volver porque teníamos una cena, etc. Le dije a Leo que yo “tenía que ir al baño” y  así fue. Al minuto siguiente Leo tocó la puerta llorando pidiéndome que  abra y que lo disculpe. Yo me ví en la escena sentada en el inodoro agarrándome la cabeza y me comencé a reír sola…

Salí del baño, agarré a Leo suavemente y me agaché a su altura, le dije en tono calmado que “La próxima vez que mami traiga cosas del supermercado voy a poner sobre la mesa todo lo que se puede romper porque yo no quiero que te vayas a cortar por accidente”, y le pregunté: “Y tú ¿qué podrías hacer la próxima vez para que esto no pase?”, me respondió: “Yo voy a tener más cuidado al buscar mis galletas”. Nos abrazamos y sentí paz, me imaginé que se “abrió el cielo y cantaron los ángeles”.

 

Disfrutar del tiempo exclusivo (5)

La cuarta clave para sobrevivir a la pandemia y crear momentos memorables en familia es disfrutar del tiempo exclusivo y especial. Cuando los hijos son pequeños necesitan 30 minutos al día de tiempo de conexión emocional al que llamamos tiempo exclusivo. Cuando son adolescentes necesitan al menos 30 minutos a la semana. Estas referencias son para cada padre con cada hijo. Este tiempo especial puede ser leer cuentos, jugar, preparar la comida, hacer deporte, ir a comer un helado, etc. Se trata de hacer algo que ambas personas disfruten y en este tiempo nos mantengamos alejados de la tecnología y de los sermones.

 

Por ejemplo:

Matteo de 5 años, en esta pandemia ha “retrocedido” en actividades que antes hacía solo como ir al baño, bañarse o vestirse, inclusive han habido ocasiones en las que se ha hecho la pis encima. Mis reacciones normales son de mucha molestia y fastidio, me quejo y pienso qué le pasó si antes no era así… Comencé a ver estas situaciones con mayor detenimiento y pensé qué podría hacer al respecto. Se me vino la frase a la cabeza: “Conexión antes que corrección”, y comencé a leerle uno o dos cuentos cada noche antes de acostarlo, es algo que le encanta y siempre me pide más. Los días que tenemos este tiempo exclusivo sin dudar todo mejora, casi no hay luchas de poder y tanto él como yo estamos de mejor ánimo para todo.

 

Conclusión

Si bien es cierto existen más de 50 herramientas de crianza, para mí tener una nueva visión de la mala conducta, realizar acuerdos familiares, practicar la autorregulación emocional y disfrutar del tiempo exclusivo, son las 4 claves para sobrevivir a esta época post pandemia y crear recuerdos memorables en las familias.

 

 1. Nelsen Jane, “Disciplina Positiva”, 2da Edición, 2009
2.  Nelsen Jane, “Disciplina Positiva”, 2da Edición, 2009, p. 72.
3. Nelsen Jane, “Disciplina Positiva”, 2da Edición, 2009, p. 117. 
4. Nelsen Jane, “Disciplina Positiva”, 2da Edición, 2009, p. 132.
5. Nelsen Jane, “Disciplina Positiva”, 2da Edición, 2009, p. 156.

13 mitos sobre la educación – post Pandemia

1. Creer que la educación presencial es el único y mejor camino
Antes ni se nos había ocurrido que había otra posibilidad, que otro modelo educativo era posible. “Aunque mi hijo sufre con el colegio, no hay otra manera, debe aguantarse, es por su bien”.  Pues resulta que no solo que pudiste, sin que quisieras, sino que miles de familias descubrieron, que pueden y quieren vivir otros modelos educativos mucho mejores, más saludables y efectivos que los que vivían hasta ahora.

2. Creer que el principal rol del colegio es educativo.
Siendo sinceros, el principal rol del colegio es logístico, referido a cuidar a los hijos durante la mayor cantidad de horas al día, ojalá y cada vez más, para que los padres puedan cumplir sus asfixiantes horas de trabajo.

3. Creer que en el colegio siempre están aprendiendo.
En este tiempo, hemos visto lo que están “aprendiendo” y hemos comprobado de primera mano lo que de verdad merece que aprendan. El mismo Ministerio de Educación habló de Contenidos Priorizados, para diferenciar de todo el resto de contenidos no esencial.  Muchos de los contenidos son un pretexto para tener a los chicos ocupados tantas horas.

4. Creer que nuestra relación familiar está bien, estando tan alejados.
Nos dimos cuenta que casi ni nos conocíamos. Hacíamos como padres todo por ellos, pero no compartíamos nada, no vivíamos casi nada de los retos y alegrías de ser padres-hijos.  Nos dimos cuenta que hemos perdido habilidades de ser mamá/papá por la falta de práctica, por la falta de presencia, casi ni sabíamos cómo manejarlo. El colegio y nuestro trabajo hacen que vivamos una maternidad/paternidad parcial y superficial.

5. Creer que con un ritmo escolarizado puedes vivir una vida saludable y equilibrada.
Sentimos el enorme desequilibrio que teníamos entre el trabajo y la familia.  La falta de una conciliación saludable que nos permita una vida digna de ser vivida.  Solo el pensar  volver al ritmo de las madrugadas, de los uniformes, de la lucha diaria por los deberes, de las peleas por las notas… desalienta.

6. Creer que las notas reflejan el aprendizaje.
Hoy es más evidente que nunca que los exámenes y las notas son el mecanismo más ineficiente, injusto e inservible de referir el nivel de aprendizaje de los hijos.  Peor aún ese modelo donde se pretende que todos los chicos tengan 10 en todas las materias, eso no solo que no es posible ni deseable, sino que es ineficiente para construir personas expertas y apasionadas en su proyecto de vida.

7. Creer que es tolerable que tu hijo aprenda lo mismo que todos, de la misma manera y al mismo tiempo.
Viviste la maravilla y los retos de la personalidad y temperamento de cada niño, de sus ritmos, estilos, dinámicas. ¿Te imaginas todo lo que hay que eliminar para estandarizar a todos y hacer que vayan todos al mismo ritmo en el mismo tema?, ¿comprendes todo lo propio y esencial de tu hijo que se está mutilando al forzarlo a una dinámica masiva? La personalización en las escuelas es inviable a menos que haya un docente para cada niño.

8. Creer que los conocimientos técnicos son los más importantes para una Vida Buena.
Vivimos momentos de tanta incertidumbre que hasta nuestra vida estaba en juego. En esos momentos reconocimos lo que es verdaderamente importante, vital para sobreponerse y salir adelante.  No fueron las divisiones largas o la raíz cúbica, fue la disciplina, la resilencia, la solidaridad, la creatividad, el emprendimiento, lo que nos permitió sobrepasar esta etapa. ¿Qué es lo que quieres que aprenda tu hijo ahora?

9. Creer que los todos los chicos quieren el colegio.
Los chicos extrañaron locamente a sus amigos, los recreos, los extracurriculares, incluso hasta algún profesor amigo, pero, ¿extrañaron realmente las clases?, puedes preguntarles ¿Te da eso alguna pista de qué es lo verdaderamente importante para ellos?, ¿lo que verdaderamente necesitan para estar bien?

10. Creer que puedes “delegar” la educación de tus hijos.
Sacarse el aire trabajando para pagar el colegio, no es cumplir la misión educativa y de crianza de los padres.  Pensar que el colegio se hace cargo, no es sino tapar el sol con un dedo.  Pretender que van a ser hombres y mujeres sanos y prósperos solo con la formación que les dan en un colegio y las pocas horas que compartimos, es la peor ilusión de la vida.

11. Creer que se puede regresar a lo mismo, como si nada hubiera pasado.
El mundo, nuestro país, nuestra familia, tocó fondo, vivimos momentos que nos obligaron a re fundarnos, esta vez en lo verdaderamente importante.  Pero a pesar de lo profundo de lo que vivimos, es fácil nuevamente volver a enajenarse como si nada hubiera pasado.  Volver a conectarse al ritmo alocado y siempre agotado de una vida a la carrera, de enchufarlos al colegio, enchufarnos al trabajo y ver como se escapan los años.

12. Creer que la buena educación es cara.
Viste lo que es importante, vivenciaste las diferentes formas en que tus hijos pueden aprender. Incluso viste con tus propios ojos como pueden aprender más rápido y profundo con actividades prácticas relacionadas con la vida diaria.  La educación puede ser mucho más profunda con menos recursos.
El modelo escolar es un modelo caro e ineficiente.  No solo pagas por lo que aprenden, pagas por cuidarlos las horas que necesitas estar libre, pagas por recursos que a la final casi ni influyen en su aprendizaje, pagas por una marca que no te aporta nada.

13. Creer que esto ha pasado.
Ojalá y hayamos superado esta etapa tan dura de la pandemia del COVID-19, pero los retos sociales, climáticos, sanitarios que nos vienen por delante son igual o peores que los que vivimos, eso es evidente.  Probablemente por una u otra razón volvamos a estar confinados y restringidos.  ¿Qué herramientas quieres que tengan tus hijos para afrontar estos nuevos retos?

 

Si luego de todo lo que hemos pasado, aún tienes algunas de estas creencias, luego, habrás desaprovechado una de las oportunidades más importantes de tu vida para despertar y buscar un estilo de aprendizaje, un estilo de vida, que sea el mejor para tu hijo, el mejor para tu familia.

No digo que tengamos la solución a todas estas problemáticas.  El ser contracultural no es fácil, aunque a veces es necesario para ser feliz.  Tampoco digo que todo sea malo en el colegio, es posible que para algunos sea la mejor opción. Pero, no para todos, ni siquiera para la mayoría, no en todos los momentos de la vida. En el peor de los casos, que nos gane la corriente y que regresemos a la misma dinámica anterior, deberíamos por lo menos, hacerlo con la conciencia de lo que implica y no creyendo como antes, que era la mejor opción, la única opción.

 

Equipo Skholé

Octubre 2021